| La luna tiene dientes de
marfil. ¡Qué vieja y triste asoma! Están los cauces secos, los campos sin verdores y los árboles mustios sin nidos y sin hojas. Doña Muerte, arrugada, pasea por sauzales con su absurdo cortejo de ilusiones remotas. Va vendiendo colores de cera y de tormenta como un hada de cuento mala y enredadora. La luna le ha comprado pinturas a la Muerte. En esta noche turbia ¡está la luna loca! Yo mientras tanto pongo en mi pecho sombrío una feria sin músicas con las tiendas de sombra.
Romance de la luna,
luna
(del Romancero gitano)
La luna vino a la fragua
con su polizón de nardos. El niño la mira, mira. El niño la está mirando. En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño. —Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, harían con tu corazón collares y anillos blancos. —Niño, déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados. —Huye, luna, luna, luna, que ya siento los caballos. —Niño, déjame, no pises mi blancor almidonado
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua el niño tiene los ojos cerrados.
¡Cómo canta la zumaya,
ay, cómo canta en el árbol! Por el cielo va la luna con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos. El aire la vela, vela. El aire la está velando. |
martes, 30 de octubre de 2012
Federico García Lorca
La luna y la muerte
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